Características clínicas de la Enfermedad de McArdle

La primera descripción de la glucogenosis tipo V fue realizada en 1951 [ 1] por Brian McArdle. Este médico londinense determinó de manera brillante y mediante el uso de protocolos rigurosos, que estos pacientes sufrían un bloqueo en la vía de degradación del glucógeno a ácido láctico, que parecía suceder mayoritariamente en el músculo esquelético. Además de la aportación de su epónimo a la glucogenosis tipo V, también aportó la prueba de ejercicio en isquemia del antebrazo, que ha sido ampliamente utilizada para el diagn

Brian McArdle describió en 1951 el primer caso de enfermedad de McArdle. Imagen tomada de www.agsd.org.uk

óstico de pacientes con glucogenosis. La enfermedad de McArdle pertenece al grupo de las miopatías metabólicas y dentro del grupo de enfermedades que afectan al metabolismo del glucógeno, es la glucogenosis muscular más frecuente. Aunque se considera una enfermedad rara, estudios de Haller estiman que la prevalencia en la región de Dallas-Fort Worth es de 1 cada 100.000 habitantes [3]. El registro de una baja incidencia en otras poblaciones parece deberse a la gran variabilidad sintomatológica que caracteriza a estos pacientes y que hace difícil su diagnóstico.

La afectación más común de un paciente de McArdle es la intolerancia al ejercicio, que incluye rigidez y debilidad muscular, mialgia y fatiga durante los primeros minutos de ejercicio. Los desencadenantes más frecuentes de estos síntomas suelen ser el ejercicio isomètrico (i.e. cargar pesos) o el ejercicio aeróbico sostenido (i.e. subir escaleras) [4]. Cualquier músculo del cuerpo se puede ver afectado y son raros los casos con afectación del músculo cardíaco [6] y la función respiratoria [7], A pesar de que algunos pacientes recuerdan síntomas dolorosos durante la edad infantil, esta enfermedad raramente se diagnostica antes de la edad adulta. Algunos pacientes mejoran su tolerancia al ejercicio usando el second wind, que consiste en la sensación de menor fatiga, disminución de la frecuencia cardiaca y del ritmo respiratorio, que tiene lugar cuando los pacientes descansan tras los primeros minutos de un ejercicio aeróbico. El ejercicio continuado cuando el paciente siente dolor intenso puede desencadenar rabdomiolisis (rotura muscular), que puede producir creatina quinasa elevada en plasma, mioglobinuria (aparición de orina de color oscuro, debida a la presencia de mioglobina en orina) y fallo renal. Un 50% de los pacientes sufren mioglobinuria y el 50% de estos casos, acaba desarrollando fallo renal [8]. Aunque la enfermedad no parece ser progresiva, la aparición de la debilidad muscular crónica aparece con la edad en un 30% de los pacientes [9]. Este hecho se explicaría por el daño crónico que se induce en el músculo debido a las actividades diarias y por el descondicionamiento muscular que sufren estos pacientes al intentar evitar cualquier ejercicio físico. En algunos pacientes el debut de los síntomas puede ser desencadenado por la administración de estatinas. Se han descrito casos en los que la administración de estas substancias, que inhiben enzimas implicadas en la síntesis lipídica, han desencadenado síntomas que van desde ligero dolor muscular a severa rabdomiolisis con mioglobinuria [10-12].

Un hecho ampliamente observado es la gran variabilidad fenotípica que presentan los pacientes, tanto intra [7] como interfamiliar [13, 14]. Debido a la existencia de esta variabilidad clínica se ha propuesto la clasificación categórica de los pacientes según un índice conocido como índice de Martinuzzi [15]. Este índice clasifica a los pacientes en cuatro categorías, del 0 al 3, según la severidad de sus síntomas: 0) incluye a los pacientes asintomáticos o con una intolerancia al ejercicio muy leve pero sin limitaciones funcionales en su vida diaria; 1) comprende a aquellos con intolerancia al ejercicio y limitación en ejercicios extenuantes en su vida diaria, pero que no han sufrido mioglobinuria, ni pérdida de la masa muscular, ni debilidad muscular; 2) incluye a aquellos que tienen intolerancia al ejercicio, que sufren recurrentemente mioglobinuria y que padecen una restricción moderada en sus actividades de la vida diaria; y 3) engloba a aquellos con debilidad muscular crónica con o sin pérdida de la masa muscular y con una severa limitación en la mayoría de actividades de la vida diaria. Esta variabilidad fenotípica ha sido atribuida a diferentes factores: al fondo genético, a la participación de modificadores del fenotipo (ver apartado 5.4.5) y/o a la capacidad interindividual para desviar el flujo metabòlico hacia otras vías. Otra explicación para esta variabilidad es la presencia de fenómenos de doble fallo genético (i.e. coexistencia de dos enfermedades metabólicas que resultan en un fenotipo más grave) [16-20].

* Extraido de “Las glucogenosis en España. Situaciín actual y guías informativas”. Ed. Once. Capítulo “Enfermedad de Mcardle”, por Gisela Nogales Gadea, Alejandro Lucia Mulas, Antonio Luis Andreu Périz.